Presentación del libro Totalismo, de Miquel Porta Perales. ¿Están intentando invadir nuestras mentes?

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“No es evidente, no nos dirán que nos quieren controlar, nos dirán que nos quieren hacer felices”, aseguró la presidenta del Centro Libre. Arte y Cultura (CLAC) y catedrática de Derecho Constitucional Teresa Freixes en la presentación del libro Totalismo del filósofo y escritor Miquel Porta Perales. Pero lo cierto es que nos quieren controlar. O al menos esa es la tesis de Porta, que hace un análisis de cómo hay nuevas formas de control que, pese a no llegar a la imposición totalitarista, se quedan bastante cerca. De hecho el totalismo no es otra cosa que “una de las primeras fases del totalitarismo propiamente dicho”, sostuvo el autor.

En boca del editor del volumen, Félix Riera, de la editorial ED, “parecía que tales prácticas no iban a volver a llegar a Europa”, sin embargo, “estamos volviendo hacia una visión que tiende al totalitarismo”. Una nueva forma de control que, dice Freixes, “no es un régimen en sí, pero que invade nuestra intimidad y nos dice lo que tenemos que pensar”.

Para Porta, lo peor del totalismo es la Espiral del Silencio que provoca. Tal y como sostiene la fundadora de esta teoría de la opinión pública, Noelle-Neumann, para no sentirse aislada, la gente prefiere sumarse al carro de los que creen que son los ganadores, realidad que favorece los objetivos de totalitarismo. Además, el totalismo, según Riera, fortalece esta unificación del pensamiento a fuerza de “repetir sus ideas constantemente hasta acabar por derrotar por la fuerza a los ciudadanos”.

Este totalismo se encuentra en muchos lugares de la sociedad y está muy presente en la ideología nacionalista. Teresa Freixes contó cómo el mundo de la universidad no es una excepción: “muchos de nuestros compañeros han dejado de hacer lo que hacían y se han pasado a anunciar la buena nueva del nacionalismo, algunos porque se lo han creído, otros porque es lo que toca y otros porque se lo creen vía subvención”.

El filósofo y crítico cultural, Xavier Fina, explicó cómo pese a que está en las antípodas ideológicas del autor, está de acuerdo con la tesis de “un libro atrevido, fuera de lo que se suele decir, un poco camicace y sin miedo de no molestar”. “Me he ocultado de que venía aquí porque yo soy nacionalista y de izquierdas, pero no haber venido hubiera sido un ejemplo de totalismo”, sostuvo Fina de forma jocosa.

Según el autor, la idea del libro es también hacer una “crítica a ciertos totalismos que nos amenazan: la dictadura de la felicidad, del despotismo y del imperialismo del bien; imposiciones que si no sigues corres el peligro de ser condenado bajo pena de excomunicación”.

La obra también es una reivindicación de la autodeterminación del individuo por encima del colectivismo, una crítica contra ecologismo cientificista que engaña, contra el pacifismo con el cual “no se hubiera luchado contra los nazis en la Segunda Guerra Mundial” y contra el feminismo radical.

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